viernes, 6 de julio de 2007

Cosas que sólo ocurren en época de exámenes

El mes de junio, además de ser el mes en que comienza el verano, acaba la liga y por fin se puede ir en manga corta y pantalones piratas, es una de las épocas del año en que a los profesores les da por torturar a sus alumnos a base de exámenes. Y claro, a uno no le queda más remedio que ponerse a estudiar; ya que he ido a clase, he tomado apuntes, he hecho los trabajos e incluso he atendido al profesor, tendré que obtener la guirnalda a tan sufrida labor con una buena nota en el examen. Y de todos es sabido que no hay mejor ocasión que la de dedicarse al estudio para descubrir un universo de cosas fascinantes que hasta entonces nos habían pasado completamente desapercibidas. Esta es sólo una pequeña lista:

- Es ponerte a estudiar y darte cuenta de la cantidad de polvo que tiene el escritorio, sobre todo esa zona reservada a colocar el archivador de cedés, la Virgen del Pilar o el recuerdo de Mallorca. Durante seis meses la presencia de esa suciedad no te ha incomodado lo más mínimo, pero en estos momentos de estudio cobra tal importancia que te es imposible memorizar dos palabras sin dejar de mirarla, hasta el punto de que sientes un impulso irrefrenable y te pones a limpiar tu mesa de estudio y descubres qué gran avance para la humanidad supusieron el trapo y el frasco de Pronto.

- Algo parecido ocurre si usas gafas: tu visión se agudiza milagrosamente y de pronto eres de capaz de percibir la multitud de manchas que puebla tus cristales. Tenerlos cubiertos de una fina capa de mierda no ha sido obstáculo para ver películas, jugar a la Play o chatear por Internet pero, cuando se trata de estudiar, hasta la más mínima mota de polvo supone un gigante manchurrón en tu visión que te fuerza a limpiar los cristales.

- Como lo de estudiar suele ser bastante estresante, es habitual en esos momentos coger un boli, un clip o cualquier cosa que esté a tu alcance para calmar la ansiedad. Si lo que coges es un cúter, puedes hacer uso de sus numerosas utilidades, todas ellas bastante escatológicas: además de cortar puede ser útil para sacarte los moquillos de la nariz, limpiar la mierdecilla que hay entre las uñas y la carne o usarlo a modo de bastoncillo con tus oídos para extraer el cerumen.

- Nada mejor que unos apuntes de Teoría del Derecho delante para darte cuenta de las joyas discográficas que componen tu torreta de cedés abandonada en un rincón de la habitación. De pronto tienes unas inmensas ganas de escuchar un montón de discos que hacía miles de años que no oías y, si cedes a la tentación de poner alguno, cada una de las canciones te parecen la octava maravilla. Lo peor de todo son los estribillos que te bombardean el cerebro mientras tratas de entender de qué coño hablaba Habermas con eso del "diálogo real en condiciones ideales".

- Si durante el resto del año tu actividad en Internet se limita a pasarte horas y horas viendo vídeos en Youtube, chatear vía Messenger o bajarte cientos de gigas por eMule, en época de exámenes descubres que existen los portales de noticias, lo entretenido que son los blogs y la ingente sabiduría que contiene la Wikipedia. Tu curiosidad te desborda y no hay minutos suficientes en el reloj para navegar por la Red en busca de información y curiosidades.

- Tu hermana no tiene otro momento mejor durante todo el año que junio para romper con su novio o discutir con sus amigas. Y claro tú, en el papel de hermano mayor responsable y maduro (juas juas), te sientes obligado a escucharla y no puedes eludir tal responsabilidad. Precisamente te viene a pedir consejo la misma persona que tiene pegado en la puerta de su habitación un cartelito de "no pasar" con tu cara tachada por una franja roja.



- Está científicamente comprobado que el momento preferido por los virus informáticos para entrar en tu ordenador son los meses de exámenes: febrero, junio y septiembre. Da igual que tengas instalados tres antivirus diferentes, o que dispongas de tantos cortafuegos y medidas de seguridad que, no es que nadie pueda acceder a tu ordenador desde la Red, sino que ¡ni siquiera tú mismo puedes acceder desde el ordenador a Internet!; nada de eso será óbice para que algún oportuno virus infecte tu computadora de tal manera que te desinstale más de un programa valioso, no te permita conectarte al Messenger y te deje el formateo como la única opción para eliminarlo. Y claro, lo de formatear tiene dos momentos: la acción misma de formatear y la labor previa de grabar en deuvedés todos los discos, pelis, fotos y demás maravillas que habitan en tu disco duro. Una auténtica putada tener que ocuparse de todo ello teniendo varias toneladas de apuntes por estudiar junto al monitor.

- Es habitual también que, precisamente en el momento de ponerte a hincar los codos, te acuerdes del regalo que te hizo tu ex el año pasado por estas fechas: ese gran libro –en todos los sentidos de la palabra– que hasta entonces parecía una parte más indivisible de la estantería: Los pilares de la Tierra. Sus 1359 páginas y tres meses de verano por delante no son los suficientemente disuasorios para hincarle el diente justo ahora, cuando tienes otras 1359 páginas de apuntes para meter en tu cabeza.

- Durante meses las has pasado canutas para escribir algún artículo mínimamente interesante en tu blog, pero no sé si será cosa de tanto leer, el caso es que de repente la inspiración vuelve a tu mente y se te ocurren miles de ideas ingeniosas sobre las que escribir en tu bitácora (este post es un ejemplo de ello). El tocho de apuntes delante de ti no puede evitar que necesites escribir para dar rienda suelta al caudal de ideas que desborda tu mente.

- Cuatro años en blanco –nunca mejor dicho– y el Madrid va y gana la Liga justo ahora, un domingo por la noche con un examen esperándote a la mañana siguiente. Como consuelo te queda que el examen es escrito, pues si fuera oral, la afonía producto de gritar "campeones, campeones" y otros originales cánticos festivos te hubiera impedido realizar la prueba. Si además vives cerca de La Cibeles, olvídate de conciliar el sueño hasta bien entrada la madrugada.

- Por alguna extraña razón, en estos momentos de estudio el móvil adquiere un desconocido e irresistible atractivo para ti que te incita a disfrutar de las innumerables funciones que incluye. Descubres que tiene cámara e incluso dispone de zum, grabación de vídeo y retoque fotográfico. Tu pasión oculta por la fotografía surge ahora con más fuerza que nunca. También es el mejor momento para hacer una limpieza de mensajes, borrando algunos de los que no ya no recuerdas ni quién era el remitente (¿quién es Marta clase?). Qué fondo de pantalla tan aburrido, ¿por qué no busco alguno por Internet, me lo bajo al ordenador y lo paso al teléfono estrenando eso del Bluetooth? Además, agradeces a Nokia la invención de las "llamadas perdidas" y decides dar toques a amigos y compañeros de clase para comprobar si ellos están tan desesperados como tú como para contestarte.

- En algunas localidades las fiestas patronales coinciden precisamente con esta etapa de exámenes. Además de no poder bajar a la feria o perderte los fuegos artificiales, tienes que estudiar con los grandes éxitos de bakalao que suenan en los coches de choque de fondo. Si por desgracia vives junto a la carpa municipal lo de hincar los codos es una verdadera hazaña, pues nunca ha sido fácil memorizar a Kant con Camela acompañando tu estudio.

Todo esto y mucho más ocurre sólo en tiempo de exámenes. Pero tranquilos, esta época únicamente se prolonga durante tres semanas, un mes a lo sumo; después de esta etapa tendremos unos cuantos meses por delante para que todo vuelva a la normalidad y dejarnos un montón de cosas sin hacer de las que, por supuesto, sólo nos acordaremos en la próxima temporada de exámenes.



1 comentario:

Eva B. dijo...

Nene
no puedo leerlo todo
pero he leido lo del cuter, las unyas, el polvo...
creo que es suficiente
yo resulta que con los apuntes de derecho he descubierto que no necesito las gafas para leer
es estupendo estudiar derecho, sirve para algo
:) como va todo por alla??
veo que algo liado porque no actualizas

unbeso grande
recuerdos con forma de trebol
cuidate